El Correo Gallego

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A TODA VELA

FERNANDO PONTE

Gentuza

14.02.2018 
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La paciencia tiene un límite. El equipo de gobierno que calienta sillones en Raxoi, cobrando suculentamente de nuestros impuestos sin dar una en el clavo, no descansa, eso sí, de cabrear a la ciudadanía. No se sienten concernidos en lo que a los actos públicos o de gestión que tienen que ver con el Camino de Santiago, la mayor fuente de ingresos, espiritualidad aparte, de la ciudad, respecta. Participan de la turistofobia de sus congéneres como Colau y demás mentes preclaras. Son incapaces de gestionar todo el presupuesto, de solucionar ni siquiera el "gran problema" de los comedores escolares, de la recogida de basuras, ni de poner en orden a un par de docenas de marginales que trapichean, se pelean, defecan etc. en pleno centro de la ciudad vieja.

Desvirtúan la Navidad, los Reyes Magos, la Semana Santa y lo que se ponga por delante, con todo tipo de majaderías fuera de lugar en las actividades, desfiles y cabalgatas correspondientes, con el claro objetivo marxista de desvirtuar los valores tradicionales de la mayoría de la población. Publican con dinero del contribuyente, y a todo color, miles de ejemplares de unos repugnantes folletos a los que solo les falta ensalzar la zoofilia, en lugar de usar esos caudales para paliar problemas sociales, de los que no estamos precisamente escasos.

Ahora, además, insultan o permiten que se haga, que es lo mismo, con el dinero de todos, las creencias y sentimientos de los ciudadanos de la tercera ciudad del orbe cristiano. No hace falta ser un meapilas, para sentir repugnancia y asco profundo, ante las barbaridades antirreligiosas y sacrílegas del pregón del carnaval de un presunto dramaturgo, leído en su casa a la hora de comer. Hora es ya de decirlo alto y claro: Señores del equipo de gobierno, son vds. una banda de indocumentados que no respeta las opiniones de los demás y hace política partidista con el dinero de todos. No tienen ni capacidad de gestión, ni cultura, ni decoro, ni respeto a los demás, ni nada de nada. En resumen no sirven para aquello para lo que han sido elegidos. Tengan un momento, uno sólo en cuatro años, de lucidez y vergüenza, dimitan y váyanse a su casa.

(*) El autor es médico.