El Correo Gallego

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JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Un 'brexit' con marcha atrás

13.01.2018 
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EN materia de brexit, el 2018 comienza igual o peor que como dejamos el 2017; es decir, tan lleno de expectativas, como de incertidumbres. Ni siquiera las súbitas remodelaciones en el Gobierno que dirige Theresa May logran disipar las dudas e inquietudes de todos aquellos que, incluso antes del fatídico referéndum, lamentábamos la posibilidad de asumir un Reino Unido escindido de un espacio político, laboral, comercial, empresarial, investigador y hasta de seguridad, que debiera vincularnos a unos 28 socios (ahora 27) más necesitados de unión y hermanamiento que nunca.

Mas así son las cosas, y así debemos asumirlas incluso quienes sabemos que tanto Reino Unido como la Unión Europea salen debilitados de una decisión alcanzada debido al criterio pírricamente mayoritario de quienes hasta los sesudos estudios de las agencias británicas independientes versadas en las votaciones del 2016 catalogan e identifican como representantes del sector social británico menos viajado, leído, cultivado y comprometido de la hasta hace poco respetada, admiraba y ejemplar nación de naciones.

Pero como no hemos sabido ni evidenciar ni comunicar las ventajas de una Europa unida, pero sí defender, afortunada y paradójicamente, que, por ejemplo, el voto de un incauto egoísta eurófobo vale tanto como el de un científico que lleva años beneficiándose de las ayudas de los fondos feder para paliar las enfermedades que padecemos todos, hoy nos encontramos en una tesitura política, jurídica y administrativa de la que ni nosotros, los fieles a la unión, ni los otros, los auto expulsados, sabemos cómo salir.

Y lo peor es ver cómo ciertos mandatarios siguen aspirando a huir del laberinto que ellos mismos han propiciado, sin perder ventajismo y fuerza política, y sin renunciar a un futuro que, como bien saben, sólo entre todos seremos capaces de forjar como prometedor. Las nuevas negociaciones que se perfilarán a finales de este mes de enero, y las directrices que se concretarán en marzo, resultarán decisivas a la hora de diagnosticar los riesgos que se avecinan, y los antídotos que tanto unos como otros estemos dispuestos a recetar para combatirlos.

Entretanto, algunos, la mayoría ya, todavía aguardamos, esperanzados, un giro político en Reino Unido, un cambio de timón inesperado, o una decisión parlamentaria que dé marcha atrás a un proceso que, desde el aciago referéndum y a medida que pasan los meses, se evidencia más perjudicial y desventajoso para todos. Incluso ver en el ámbito científico y académico cómo las antiguas "sociedad (o asociación) europea de..." cambian su denominación a "sociedad británica y europea de...", nos resulta tan triste como significativamente contraproducente.

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