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LUIS PÉREZ

No ofende quien quiere

15.02.2018 
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UN amigo de la infancia residente en Zaragoza, exconsejero del Gobierno autonómico por el Partido Aragonés, me informaba ayer del gran malestar existente en esa comunidad por el pregón del carnaval compostelano. "La Virgen del Pilar y el agua son aquí intocables. ¡Qué mal!". Pues sí, muy mal, le respondí, pero a continuación le expliqué que el revuelo en Santiago sea quizás menor porque conocemos los objetivos que persiguen los autores intelectuales de la iniciativa: provocar para despistar.

La estrategia no sorprende, es vieja. De hecho, lo ocurrido este año en Santiago es continuación de lo sucedido el pasado en A Coruña. Tras el cartel del papa Francisco beodo, pagado con impuestos de los coruñeses, se da ahora un paso más en Santiago sugiriendo una felación de la Virgen. Y pobre del que admita que no entiende tan refinado humor o califique el hecho de machista. Lo menos que te llaman es fascista o nazinecio.

A la vista de la repercusión fuera de Galicia hay que felicitar a Compostela Aberta por el éxito de la maniobra de distracción. Y aun será mayor si alguien presenta una denuncia, un fiscal pardillo la impulsa y el juez la admite a trámite. Habría materia de debate para entretenernos a la gente del común unos cuantos meses. Consigue además un segundo objetivo: convertir a Santiago y sus habitantes en poco simpáticos para los forasteros, lo cual ayudará a reducir la afluencia de visitantes. Creo que esta propuesta no figura en el estudio del profesor Caramés para mejorar el turismo en Compostela, pero vista la reacción de los aragoneses, provocar el enfado de foráneos es un buen remedio para apagar el interés por la capital de Galicia.

El peaje -tasa es un eufemismo- que Compostela Aberta dice querer cobrar a los excursionistas es una iniciativa complementaria a la anterior. Estoy convencido de que no se va a implantar porque, al igual que los carteles y pregones provocativos, el anuncio de la tasa tiene como finalidad desviar la atención. Cobrar a excursionistas es operativo muy difícil de aplicar, apenas genera ingresos y resultaría discriminatorio para los de menos recursos. Los que llegan a Santiago en autobús no son precisamente los ricos. Y es que asuntos como la estación depuradora, el servicio de grúa y ORA, el Campus Vida, los baches, la deficiente iluminación, los problemas de aparcamiento en el Mercado y otros muchos resultan indigestos. O sea, de más difícil gestión.

Es mucho más tentador tratar de orientar la mente de los compostelanos hacia temas sencillos de comprender, como cobrar a los portugueses un peaje de 50 céntimos por comer el bocadillo en los bancos de la Alameda o imputar a la Virgen actos impropios de su condición, que se dice ahora o como antes, de ejercer el oficio más antiguo del mundo. Pero no ofende quien quiere...

Periodista