El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Alexei Volodin, pianista para la “Rapsodia sobre un tema de Paganini” de Rachmaninov

14.02.2018 
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Concierto de la “OSG” con su titular Dima Slobodeniouk en el Palacio de la Ópera de A Coruña- el próximo viernes, día 19 a las 20´30 h.- con obras de Ravel y Serguéi Rachmanivov, del que se elige la “”Rapsodia sobre un tema de Paganini”, de la que será solista el pianista Alexei Volodin, músico formado en la “Academia de Moscú” con Gnessin antes de proseguir en el “Conservatorio” con Elisso Vissaladze. En la “Ac. Internacional de Piano de Lago” (Como) amplió su formación y cuenta con un Primer Premio del Concurso Int. Géza Anda” de Zurich, de 2003. Su participación con orquestas de primera línea, se comparte con colaboraciones con solistas, desde Janine Jensen, a J.Rachlin, M. Maisky o Sol Gabetta, y con cuartetos en el espacio camerístico: “Borodin”, “Modigliani”, “Casals” o el “Quartetto di Cremona”. Rachmaninov pues en una de sus obras que se ha consolidado en el repertorio, la “Rapsodia sobre un tema de Paganini Op. 43” que conoció su estreno a finales de 1934, con Leopoldo Stokowski, uno de esos directores que hoy estarían calificados como mediáticos por su compleja personalidad y por el entusiasmo que irradiaba a la hora de divulgar la música. Como tal director, se permitía ciertas libertades frente a las partituras, de las que hoy tenemos memoria por sus registros discográficos. Tuvo la fortuna, a lo largo de su vida, de abordar más dos mil estrenos, entre los que figuran la obra que escucharemos, además de la “Sinfonía nº 3”, del mismo compositor.

La ”Rapsodia sobre un tema de Paganini” resulta atractiva por su planteamiento de obra concertante, muy dentro de su estilo y última de su catálogo, quedando a efectos reales como su quinto concierto para piano y orquesta. Tras su estreno y cinco años después, Fokine realizará un ballet coreografiado por él- volveremos a encontrárnoslo en “Daphnis y Chloe” de Ravel-, en este caso, la propuesta de enfrentamiento entre el solista y la orquesta, desborda en ingeniosos argumentos, en el conjunto de 24 variaciones, que parten con ánimo virtuosístico de una tema del “Capriccio nº 24, para violín”. En medio aparecen ideas musicales perfectamente tramadas, producto de sus experiencias con las influencias de los creadores de su momento. Con obsesiva insistencia, engarzadas en algunas de las variaciones, usa a modo de contraste el “dies Irae”, reafirmándose en la variación de cierre. El aprecio conseguido por la obra, será la definitiva confirmación de una originalidad llevada a su grado sumo.
Ravel a doble banda por la “Pavana para una infanta difunta” y la suite de “Daphnis y Chloe”. Nació la “Pavane pour une infante défunte” como obra para el teclado en dedicatoria de Mme la Princesse Edmond de Polignac” y destinada a un concierto de la “Socièté Nationale” de 1902, con nuestro Ricard Viñes. El propio autor y con gran criterio, realizará la orquestación, que se estrenará en los conciertos Hasselman, y la dirección de Alberto Casella. La obra en su orquestación, sabrá dotar a la composición de una paleta orquestal, que amplía las opciones que nos brinda el original. Los propios efectivos utilizados dejan a la postre la impresión de una obra que hubiese agradecido una mayor dimensión.

“Daphnis et Chloe” quedará como una sinfonía coreográfica en tres partes producto del encargo de los “Ballets Rusos” de S.Diaghilev y su “troupe”, en aquel París de deslumbrantes bailarines, artistas de toda laya y avezados de alto copete. La eclosión balletística, reunirá a Ana Pavlova, Tamara Karsavina, Sofia Ferodove, Ida Rubinstein o V. Nijinsky. La obra en lo sinfónico sigue un plan tonal riguroso, por medio de un pequeño número de motivos cuyos desarrollos aseguran la homogeneidad en su conjunto. “Daphnis et Chloe”, a tenor del parecer de Roland-Manuel, no deja de ser, con todo, por sus dimensiones, la más importante obra de Ravel. Si no es de todo punto la más perfecta- y menos aún la más audaz-,sí se la ve afectada en algunos puntos por una sospecha de academicismo, aunque conteniendo sin embargo algunas de las páginas mejor acabadas y sin duda más generosas que haya escrito. Ravel será igualmente preciso: Mi intención al escribirla era componer un vasto fresco musical, menos preocupado de arcaísmo que de fidelidad a la Grecia de mis sueños, que se asemejan bastante a la que imaginaron y describieron los artistas franceses de finales del siglo XVIII”