El Correo Gallego

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Realidades y milongas del modelo educativo

13.09.2017 
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ES PARA ECHARSE A TEMBLAR lo que aflora en el retrato de la OCDE sobre el actual panorama educativo español. Resumamos: tenemos una de las peores tasas de escolarización en FP, un raquítico 12% frente al 26% de media en los países industrializados; la FP dual, que combina estudio y trabajo, no llega siquiera al 1% de alumnos, cuando la media de la     OCDE está en el 17%; nuestro modelo educativo se desliza por una montaña rusa que nos pone a la cabeza de los países con más titulados universitarios, pero también liderando el furgón de cola de los que tienen jóvenes menos formados, con uno de cada tres españoles de 25 a 34 años sin título de Bachillerato; seguimos a la cabeza en ninis; nuestro gasto educativo es inferior en todas las etapas a la media de los 35 países que integran la OCDE, y entre 2008 y 2014 cayó más de un punto; por último, los docentes españoles son los que más recortes han sufrido durante los años de plomo de la Gran Recesión, junto con portugueses y griegos, aunque su sueldo está por encima de la media de los países industrializados y sus horas de clase, por debajo. La conclusión más evidente es que los agujeros negros que deja al descubierto el informe de la OCDE se compadecen mal con la doctrina de la agit-prop gubernamental, que nos vende una excelencia educativa y un compromiso con la FP que están más en las nubes de los deseos que en la prosaica realidad. A la luz de estos datos, parece irrebatible que un país que lidera el paro juvenil en Europa –uno de los destrozos más sangrantes de la crisis– no puede permitirse el lujo de unas tasas de implantación de la FP tan modestas y tan claramente insuficientes, y menos cuando sabemos que los alumnos de ciclos formativos  tienen en la actualidad mucho mejores perspectivas de empleo que los de Secundaria. La formación de calidad es una asignatura pendiente y, si aspiran a aprobarla, nuestros gobernantes deben comenzar por garantizar una financiación sostenible; es decir, deben cambiar el rumbo con urgencia y sin que les tiemble el pulso. Porque sin eso todo lo demás son milongas, la brecha entre enseñanza y trabajo seguirá agrandándose, y la precariedad y los salarios low cost vampirizarán definitivamente nuestro debilitado mercado laboral. ¿Es ese el modelo que queremos?