El Correo Gallego

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Hacia la reforma de la Constitución

14.09.2017 
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NO ES NOTICIA MENOR que el impertérrito Mariano Rajoy recogiese ayer el guante que le lanzó Albert Rivera y, en la sesión de control en el Congreso, prometiese estudiar la reforma de la Constitución; eso sí, tras desbaratar el disparate secesionista del 1 de octubre. La respuesta positiva del presidente del Gobierno a la sensata propuesta del líder de Ciudadanos confirma lo que algunos llevamos tiempo defendiendo: que hay, claro que sí, una hoja de ruta alternativa al referéndum capaz de satisfacer a una sólida mayoría de catalanes sin dinamitar la unidad de España, y que el Estado de las Autonomías tal como ahora lo vivimos agoniza y su futuro pasa por una redefinición del modelo territorial sostenida en un amplísimo consenso político y social. A lo que el inquilino de La Moncloa ha dicho que sí es, conviene dejarlo claro, a abrir el delicadísimo melón de la reforma constitucional una vez desactivado el desafío soberanista,  ni un minuto antes, y a que el diálogo en el Congreso se alimente de una propuesta previa tejida con finura por juristas y expertos de prestigio. El propio Rivera admite que no hay nada de que hablar a este respecto antes de desmontar la bomba de destrucción masiva del 1-O, y marca sus líneas rojas para abrir el debate: ni ocurrencias, ni disparates, ni comisiones para el postureo y el show  mediático. También Rajoy dejó perfiladas sus condiciones para dar el paso que debería iluminar el camino hacia la salida del laberinto español: la reforma de la Carta Magna solo se podrá consensuar desde el respeto innegociable a los principios fundamentales de la soberanía nacional,   la indivisibilidad territorial y la igualdad entre todos los españoles. Nos parece un comienzo más que razonable que emerga, en medio del ruido ensordecedor, la crispación y el sonrojante caos del procés, una vía de  solución a la cuestión catalana construida sobre el respeto a la legalidad constitucional, que protege los intereses de una aplastante mayoría de españoles y que atiende con sentidiño las reivindicaciones de la minoría   independentista. Una vía de solución que contrasta con el delirio de Carles Puigdemont de montar una consulta sin cabinas ni urnas transparentes. Una vía de solución, en definitiva,  democrática y articulada desde la política. No todo está perdido.