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La soledad y una foto resumen de la tragedia

FOTO: Manolo Blanco
FOTO: Manolo Blanco

ALFONSO FREIRE   | 11.12.2017 
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Ya pasaron 30 años pero al recordarlo hay pocos acontecimientos en la vida de un periodista que le hagan temblar las piernas: no por miedo ( que hubo momentos en los que también, claro que sí) sinó por ver cómo aquellas gentes angustiadas abandonaban sus casas y se dirigían a los cientos de autobuses que caóticamente aparcaban o se encaminaban hacia la zona del desastre.

Pueblos como Fisterra completamente vacíos, perros ladrando en busca de sus dueños, animales asustados y la sensación de caos absoluto bajo una nube de humo amenazante que surgía del mar como del infierno.

Poco importaban ya los 23 tripulantes que en la explanada de Cee yacían inertes en una de esas fotos que nuestro gran Manolo Blanco plasmó para la historia. Se trataba de la soledad más absoluta, de una sensación de angustia adornada por un olor azufrado que abarcada toda la comarca.

A veces, demasiadas, los periodistas, inconscientes o anestesiados por el olfato de la noticia, se encaminan a zonas sin evaluar los riesgos que conllevan. Muchos de ellos con los ojos brillantes por la búsqueda de la foto mágica, de la declaración de un testigo, más que de evaluar los riesgos de sus acción. Un par de decenas de periodistas hacían el camino a la inversa, observando las caras angustiadas, los sollozos y los improperios que al tiempo emanaban contra las autoridades que estaban organizando aquel desaguisado.

Una vez más, la catástrofe non cogió sin tener ni la más remota idea de que diáblos estaba pasando: qué maldita carga llevaba aquel amasijo de hierros. Alarmistas como Mouzo Lago, el alcalde de Corcubión, no desaprovechaban la ocasión para indicar además que podría tratarse de un cargamento nuclear…se trataba de desacreditar la acción política gobernante más que de ofrecer soluciones a los ciudadanos.

Y con todo aquello, los periodistas, fotógrafos y cámaras dirigiéndose a la zona cero. Qué osadía la de esta profesión que por contar la verdad se juega la vida…

Volviendo a la acción política me acuerdo de la frase resumen de la situación pronunciada por el ínclito Abel Caballero, hoy alcalde popular de vigo: está todo el dispositivo en marcha, todo bajo control.

Pero aquella noche fatídica, riadas de personas escapaban de un miedo ancestral: el miedo a perder la vida. Familiares perdidos en la ceremonia de la confusión, políticos inexpertos e irresponsables jugando a tenerlo todo bajo control, la palmaria realidad de que por Galicia pasaban autopistas marítimas de la muerte sin que nadie hiciera ninguna gestión al respeto, y sobre todo, un dispositivo de evacuación que no existía y que fue pura improvisación.

Una vez más, como después ocurriera con la tragedia del Prestige, el pueblo de Galicia salió adelante por su propia acción solidaria: ayudando el uno al otro y sin esperar que la administración resolviera nada.

A día de hoy poco sabemos aún si se podría volver a dar una situación similar: cuántos buques surcan nuestras aguas con carga sospechosa y qué acciones se han contemplado desde aquel fatídico 5 de septiembre del 87 para ordenar una evacuación similar con algo de sentido común.

De todo aquello me acuerdo, pero sobre todo una foto en el recuerdo: el viejo y destartalo barco explotando como si fuera fuegos artificiales plasmada por un fotógrafo de raza de esta casa: Manolo Blanco. El resumen de la tragedia.